Ha muerto Merle Greene Robertson, una gran dama de la arqueología maya, entregada toda su vida, desde muy joven, a la tarea de rescatar, estudiar y difundir, las vestigios de la soberbia civilización centroamericana. Su labor a través del Pre Columbian Art Research Institute, de San Francisco, California, con ese magnífico Boletín, con la publicación de libros, y con esa imprescindible página web que es Mesoweb, quedará durante mucho tiempo como ejemplo de lo que es necesario hacer, de lo que se debe hacer en este campo tan transitado, pero a veces también tan maltratado, que es el arte y la arqueología de las culturas prehispánicas americanas.
En el mundo de la mayística hay otros nombres femeninos muy destacados: Tatiana Proskouriakoff, igualmente historiadora del arte, Doris Stone, Clemency Coggins, o, más recientemente, Diane Chase, Barbara Fash o Anabel Ford, por citar sólo unos pocos. Las mujeres se han adentrado en las selvas del sur y sureste de Mesoamérica, y han afrontado riesgos, peligros y la dureza del trabajo, con un entusiasmo, una voluntad y una entrega que a veces son virtudes ausentes o limitadas en sus colegas masculinos. Cuando excavaba yo en Oxkintok recuerdo bien que para tareas duras, cuando era conveniente entrar en la maleza a explorar o recoger datos, contaba sobre todo con las mujeres del equipo, nunca decían que no, nunca ponían pegas o mostraban debilidad y cansancio. Algunos varones se negaban de plano a llevar a cabo esos cometidos. En las mujeres se podía confiar, fuertes, incansables, constantes, inteligentes. Por eso, Merle Greene se alzó como una arqueóloga e historiadora del arte de superior categoría, porque reunía tales cualidades y la de ser una persona amable, educada, generosa y siempre atenta a sus amigos y colegas. La recordaremos.
miércoles, 18 de mayo de 2011
viernes, 1 de abril de 2011
Sana envidia
Puedo comprender muy bien a los que critican ciertas actuaciones del Gobierno de los Estados Unidos, seguramente esas críticas se podrían extender también a otros países y a otros gobiernos. Pero lo que me vuelve iracundo es la no aceptación global de lo que los USA representan, pues en el terreno científico, en la investigación y la docencia, son un modelo a seguir por todo el que desee hacer bien las cosas. Digo todo esto a causa del enésimo pedido de libros sobre los mayas y sobre arqueología o etnología que hago a la casa Amazon; esta empresa de distribución funciona admirablemente bien, pero los libros que me manda son todos absolutamente estupendos, estupendos de contenido y estupendos de continente. El último, uno de Stone y Zender, maravillosamente ideado, maravillosamente diseñado, maquetado y editado. Un libro inteligente, útil y de muy agradable y fácil lectura, un libro bello que da gusto ojear. Y puedo citar muchos otros así, sin erratas, sin papel barato, sin tipos ilegibles, con excelentes ilustraciones, con márgenes cómodos, un producto exigente, cuidado, magnífico en suma. Sólo por ello, por los libros, por las distribuidoras, por las editoriales, por las universidades, los Estados Unidos me parecen un país ejemplar.
jueves, 3 de marzo de 2011
Oh, los misterios de la burocracia!
Mi amable comentarista Pablo Mumary se queja doliente de lo difícil que es obtener noticias, información y explicaciones sobre Calakmul. Los senderos del INAH son inescrutables. A mí siempre me han contado que un famoso arqueólogo mexicano, que dirigió la institución, guardaba en los cajones de su despacho valiosas piezas de Yaxchilán que nunca llegó a publicar. Tampoco publicó correctamente sus excavaciones durante años en esa ciudad del Usumacinta. Hay bastantes casos así. No parece que se exija a los excavadores la adecuada presentación pública de sus trabajos, en un tiempo razonable. Calakmul se merece ya una serie de libros de lujo con la información y las fotos de lo que se ha hecho en tantos años, pero lo mismo se podría decir de otros muchos lugares. Tal vez no hay dinero para publicaciones, tal vez lo que se persigue es acondicionar zonas para el turismo sin otras inquietudes científicas -por eso también se hacen penosas y hasta disparatadas restauraciones, según me cuentan-, o quizás depende de los intereses políticos de cada momento.
viernes, 25 de febrero de 2011
HE AHÍ UNA IDEA MAGNÍFICA
Hace algún tiempo mi buena amiga y colega Ana García, profesora de la Universidad Rey Juan Carlos, se propuso traer a Madrid una muestra de la arqueología de Calakmul. Es ésta una ciudad maya de las más importantes, lugar clave para entender los vericuetos de la política de las Tierras Bajas durante el período Clásico. A lo largo de muchos años se ha excavado en Calakmul, destacando los trabajos norteamericanos y ahora los del INAH de México dirigidos por Ramón Carrasco. El arqueólogo mexicano, célebre no sólo por Calakmul sino por Kabah y otros importantes proyectos, estaba de acuerdo en que viniera a España un amplio surtido de objetos de los hallados en las excavaciones, muy especialmente máscaras de jade, cerámica, y todo ello junto a reproducciones de tumbas reales, de las excelentes pinturas murales, maquetas de las pirámides etc. En fin, hubiera sido algo extraordinario y bellísimo, por su cualidad monográfica y por la calidad de todo lo que se podía haber visto aquí. Incluso se pensó en la gran sala del Canal de Isabel II, en Chamartín, lugar ya curtido por haber albergado exposiciones tan colosales como Egipto, Roma, y ahora mismo Alejandro Magno. Pero todo se quedó, al parecer, en agua de borrajas. Me gustaría saber por qué. Una magnífica oportunidad perdida para acercar al público español el esplendor de una de las más brillantes culturas de la Antigüedad.
martes, 18 de enero de 2011
¡Catálogos!
He visitado hace unos días una interesante exposición en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Se titula "Viajeros por el conocimiento", y reseña las visitas a la capital de España de algunos investigadores del campo de la Antropología y la Historia Antigua. Vinieron a principios del siglo XX a dar conferencias, y su presencia aquí dejó una huella profunda. Gentes como Howard Carter, Leonard Woolley, Thomas Joyce, Hugo Obermaier y Leo Frobenius, han entrado por propio derecho en la historia de sus respectivas disciplinas. Para hablar de los mayas, y de sus excavaciones en Belice, vino en 1927 Thomas A. Joyce, y muchos madrileños aprendieron con él quiénes fueron aquellos indígenas americanos que crearon tan fastuosa civilización.
Mención aparte merece el precioso catálogo de la exposición, diseñado y maquetado con muy buen gusto. Los distintos artículos que contiene son irregulares, como suele suceder en obras de esta clase, unos son mejores que otros. La pena es que en España no se cuidan suficientemente las ediciones, y en este bello catálogo hay muchas y feas erratas. Me pregunto a menudo cuál es la razón de que los catálogos de las exposiciones sean tan caros, el de ésta vale la friolera de 50 euros. Si las numerosas instituciones patrocinadoras, que corren con los importantes gastos de organización, montaje, traslado y seguros de los objetos de las exposiciones, desean hacer una labor cultural y social con su patrocinio, no me explico la razón de que no costeen también los catálogos, que es el testimonio de la exposición, lo que los visitantes guardan durante años, y leen u ojean de vez en cuando, lo que extiende y profundiza la tarea cultural de la exposición. El precio máximo de un buen catálogo de exposición, en los tiempos actuales, no debería sobrepasar los 10 euros, el resto de su coste debería correr a cuenta del Estado o de los organismos patrocinadores. Sé de buena tinta que muchos catálogos que no se venden por sus precios abusivos acaban reciclados, en viejos almacenes llenándose de polvo, o en la basura directamente ¿por qué?
Mención aparte merece el precioso catálogo de la exposición, diseñado y maquetado con muy buen gusto. Los distintos artículos que contiene son irregulares, como suele suceder en obras de esta clase, unos son mejores que otros. La pena es que en España no se cuidan suficientemente las ediciones, y en este bello catálogo hay muchas y feas erratas. Me pregunto a menudo cuál es la razón de que los catálogos de las exposiciones sean tan caros, el de ésta vale la friolera de 50 euros. Si las numerosas instituciones patrocinadoras, que corren con los importantes gastos de organización, montaje, traslado y seguros de los objetos de las exposiciones, desean hacer una labor cultural y social con su patrocinio, no me explico la razón de que no costeen también los catálogos, que es el testimonio de la exposición, lo que los visitantes guardan durante años, y leen u ojean de vez en cuando, lo que extiende y profundiza la tarea cultural de la exposición. El precio máximo de un buen catálogo de exposición, en los tiempos actuales, no debería sobrepasar los 10 euros, el resto de su coste debería correr a cuenta del Estado o de los organismos patrocinadores. Sé de buena tinta que muchos catálogos que no se venden por sus precios abusivos acaban reciclados, en viejos almacenes llenándose de polvo, o en la basura directamente ¿por qué?
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Bonanza Navideña
Se aproximan las navidades y, como si esa época feliz propiciara las buenas noticias americanistas y activara un resorte nervioso de los mayistas, se han sucedido los acontecimientos. Por un lado la reunión en Madrid de la Asociación Wayeb, con presencia de importantes investigadores, algunos de los cuales, al parecer, pronunciaron conferencias inéditas y estimulantes, y otros dijeron más o menos lo que llevan ya varios años diciendo. Yo no pude asistir porque tenía otras obligaciones, pero mis alumnos me contaron lo bien que habían estado el taller de jeroglíficos y las charlas de los iconólogos. ¡Estupendo! Me encanta que Madrid sea ya una ciudad de referencia para los estudios mayas, nada de esto se podía prever cuando en el lejano 1970 me hice cargo de las modestas enseñanzas relacionadas con esa civilización en la Complutense. No existía entonces la mayística en España, ni, por supuesto, había mayistas. Y hoy tenemos ya una generación entusiasta y conocida (Alfonso Lacadena, Cristina Vidal, Ana García, Gaspar Muñoz, Andrés Ciudad, Josefa Iglesias) y otros más jóvenes que siguen sus pasos. Me siento orgulloso y feliz.
Ana García, precisamente, organizó un seminario en la Universidad Rey Juan Carlos sobre viajeros y viajes prehispánicos, en el que predominaron los conferenciantes dedicados a los mayas. También he dado yo unas charlas en el máster del Instituto de Ciencias de las Religiones, y allí por donde hablamos de la cultura maya las gentes comprenden su excepcional importancia en la Historia Universal, y vamos haciendo que, poco a poco, esos estudios ocupen en España el papel que se merecen. Sólo falta que las instituciones públicas se impliquen de verdad y que aporten los medios necesarios para el desarrollo de las enseñanzas y las investigaciones (¿para cuándo, por ejemplo, un gran Instituto de Estudios Precolombinos? ¿Y más misiones con buenos proyectos en América?).
Ana García, precisamente, organizó un seminario en la Universidad Rey Juan Carlos sobre viajeros y viajes prehispánicos, en el que predominaron los conferenciantes dedicados a los mayas. También he dado yo unas charlas en el máster del Instituto de Ciencias de las Religiones, y allí por donde hablamos de la cultura maya las gentes comprenden su excepcional importancia en la Historia Universal, y vamos haciendo que, poco a poco, esos estudios ocupen en España el papel que se merecen. Sólo falta que las instituciones públicas se impliquen de verdad y que aporten los medios necesarios para el desarrollo de las enseñanzas y las investigaciones (¿para cuándo, por ejemplo, un gran Instituto de Estudios Precolombinos? ¿Y más misiones con buenos proyectos en América?).
miércoles, 24 de noviembre de 2010
DECAPITACIÓN
Hay escenas de decapitación en vasijas pintadas y en relieves mayas, y sabemos que era una práctica sacrificial vinculada en ocasiones al juego de pelota. Mi opinión actual es que la decapitación ritual estaba relacionada con la conmemoración del final de los ciclos temporales. Como el juego de pelota se celebraba muy especialmente, quizás únicamente, en los momentos de terminación de esos ciclos, la decapitación consiguiente era el símbolo del punto crucial al que se había llegado en el transcurso del tiempo. Un período descabezado, acabado, que daba paso a uno nuevo. Claro es que sobre la simbología de la cabeza en sí se podría hablar mucho más, cazadores de cabezas en muchas partes del mundo, cabezas cercenadas en la costa del Perú, la cabeza de Kali que ella misma se corta, en la India, etcétera, pero eso lo dejo para otro día.
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