Por fin he podido ver realizado un viejo sueño. Esta semana que empieza llega a las librerías mi novela Bolnak, el maya, una obra que tiene mucho que ver con mi imaginación, que no pretende ser científica, ni siquiera histórica en el sentido de manejar una información indiscutible. Es una novela que reconstruye la vida maya en Yucatán allá por el cambio de siglo, entre el VIII y el IX, pero en un marco de aventuras y peripecias intelectuales y sentimentales. Son los mayas como yo imagino que pudieron haber sido, o como yo desearía que hubieran sido, y no tanto como fueron en realidad, como yo sé que fueron sobre la base de la documentación arqueológica que se puede manejar. He llenado a mi manera las muchas lagunas que existen sobre esa cultura, así que no se me puede culpar de inexactitudes o errores históricos, porque no es una obra histórica, es una obra de ficción avant la lettre, y lo que espero es que los lectores, después de recorrer sus páginas, sientan la curiosidad que yo he sentido siempre por esa fascinante y misteriosa civilización. Nada más, y nada menos. No trato de enseñar, trato de despertar el interés, de difundir ciertas ideas, y lo más importante para mí, trato de hacer pasar unos buenos momentos a los que decidan iniciar la lectura. Ojalá que con esta novela los mayas vayan acortando distancias en las preferencias de los aficionados a las antiguas civilizaciones con los omnipresentes egipcios, o los romanos, o los griegos. Y ojalá que los lectores recomienden la obra por lo que han disfrutado leyéndola.
domingo, 20 de mayo de 2012
miércoles, 25 de abril de 2012
AMERICANISTAS EN VIENA
A mediados de julio se celebra en Viena el Congreso Internacional de Americanistas. Hace ya bastantes años que no asisto a esta clase de congresos, creo que el último fue el de Varsovia. Son demasiado grandes, hay mucha gente y muchas sesiones, y tiene uno la sensación de que no puede abarcar todo lo que desearía. Esperemos que el de Viena esté bien organizado y sea posible aprovechar al máximo el viaje. Porque yo voy a ir, primero debido a la relativa cercanía, segundo debido a que Viena es una ciudad que me encanta, y tercero debido a que mis amigos valencianos dirigen unos simposia a los que me han invitado, y que yo he encontrado muy estimulantes e interesantes. Uno de esos simposia trata de la terracotas mesoamericanas, un arte poco estudiado y menos celebrado, sobre el cual todavía hay mucho que decir. El otro simposio se dedicará a la ornamentación arquitectónica, un asunto que, tanto abordado desde la Historia del Arte como desde la Arqueología, me parece fascinante y del que se pueden decir cosas verdaderamente innovadoras. Así que viajaré a la capital austríaca con ilusión y procuraré abrir bien los ojos y los oídos para aprender mucho. Es curioso, cuantos más años cumplo más me apetece aprender, y sólo siento no disponer de más tiempo cada día para devorar los muchos libros estupendos que caen en mis manos. Y hablando de libros, en esta fecha tan señalada, aunque ya no me caben en casa sigo sin poder resistir la tentación de comprar todos los bellos libros con los que me topo ¿alguien conoce una vacuna que frene esta alocada adicción?
viernes, 23 de marzo de 2012
LOS ESTUDIANTES
El otro día vino a cenar a casa una amiga francesa. Es profesora de Universidad y la conversación, como no podía ser de otra manera, se deslizó hacia los problemas universitarios. Mujer más joven que yo, veía de otra manera algunas cuestiones, pero también coincidíamos con frecuencia. Por ejemplo, nos parecía que los jóvenes estudiantes de hoy tienen muy poca preocupación por adquirir una formación amplia, que vaya más allá de sus propias carreras, eso que antaño se llamaba "cultura general". Por supuesto, la raíz de ese mal -a mí al menos me parece un mal, un empobrecimiento- está en la deficiente enseñanza primaria y media, y en la misma sociedad, que ha relegado la cultura a una afición exótica y poco rentable. La abundancia de mecanismos electrónicos, la mayoría usados para entretenimientos banales, y la extrema vulgaridad y vacuidad de la mayoría de los programas televisivos, son otros factores a tener en cuenta. Todo ello ha acabado casi por completo con la curiosidad cultural de los jóvenes. Claro es que por la curiosidad se llega al conocimiento, y por el conocimiento al espíritu crítico, y eso quizás no le interese mucho al poder político moderno.
miércoles, 29 de febrero de 2012
Un terreno pantanoso
Discutía yo hace pocos días con una muy querida colega de la Universidad sobre el feminismo en la actualidad. Esta persona ha escrito sobre tales cuestiones desde la perspectiva antropológica y sociológica, pero sobre todo es una feminista convencida. Yo defendía la posición de la igualdad de oportunidades, real y eficaz, obviamente, para acabar con todo tipo de discriminaciones e ir generando un espíritu de auténtica normalidad en cuanto a la relación hombres-mujeres. Ella decía que la mujer sigue teniendo multitud de limitaciones en lo que atañe al acceso a los mecanismos de poder. Yo citaba los muchos casos históricos en que el poder ha estado en manos de las mujeres, incluso en sociedades con predominio masculino, desde Zenobia a la señora Thatcher, pasando por Isabel I de Inglaterra, la reina Victoria y tantas otras, hasta en la muy machista Pakistán, las mujeres fuertes de la Biblia, las reinas mayas que se van conociendo, y, por supuesto, nuestras recientes vicepresidentas o la presidenta de Argentina o la que lo fue en Chile. Claro es que así dicho casi parece un ardid, una coartada masculina para que parezca evidente la no discriminación. ¿Cuál será el futuro, cuál debería ser, y, para nosotros los arqueólogos, qué lección podemos extraer de la información que el pasado nos brinda?
martes, 10 de enero de 2012
Difusión, divulgación, trivialización
Defiendo desde siempre la divulgación de los resultados y avances de la arqueología, pero la insistencia y la inconsistencia de algunas ventanas públicas y populares me hacen a veces reflexionar sobre si tanta difusión no será realmente empobrecedora. Casi nunca me niego a las entrevistas en radio o prensa o televisión, porque creo que es el deber de los investigadores acercar lo que estudiamos al conjunto de la sociedad que nos financia, sin embargo hay ocasiones en que me duele la frivolidad con que ciertos periodistas acometen su tarea informativa. Viene todo esto a cuento, desde luego, de la fiebre del "fin del mundo" en el 21 de diciembre de 2012. Hay quien indaga con respeto en lo que los mayas antiguos pudieron decir, y hay quien ve solamente un motivo para chancearse de los crédulos que aceptan estas "absurdas" profecías como si fuesen leyes de la naturaleza. Los buenos entrevistadores, cultos e interesados de verdad, no son muy frecuentes, pero supongo que la burbujeante tarea periodística impone para cualquier cosa el mismo grado de superficialidad y relativismo. Un recorrido por Internet le deja a uno asombrado de la cantidad de bobadas que se escriben, sobre este asunto y sobre muchos otros, y no sé si es bueno que el público llegue a leer tanta morralla, no obstante todavía recuerdo aquello que afirmaba el castellano viejo: "que hablen de uno aunque sea mal". Egipto, por supuesto, es un caso más grave todavía, pero los mayas van por ese camino.
domingo, 11 de diciembre de 2011
Volvamos a Teotihuacan
Sí, precisamente Teotihuacan puede ser el ejemplo perfecto de lo que ocurría en la Antigüedad cuando un estado tenía deudas enormes y no podía hacer frente a los intereses o a su amortización. Siempre decimos que una de las posibles razones del declive o el hundimiento de tales poderosos estados pudo ser la hipertrofia de sus instituciones, es decir, el crecimiento desmesurado de las clases sociales no productivas, causantes de un gasto desorbitado por razones de su mantenimiento y reproducción y de las cada vez más necesarias inversiones en lujos y ceremonias que simbolizaran su función y construyeran su legitimidad. Pero tal hipertrofia quizá fue atenuada durante un tiempo mediante el recurso a los excedentes extranjeros, imponiendo -a veces por la fuerza, como hacían los aztecas- intercambios beneficiosos, o solicitando una tributación creciente a los estados sometidos. ¿Hasta cuando podía mantenerse una metrópoli de las dimensiones de Teotihuacan con tales procedimientos? Un leve soplo, una crisis interna, la presión de los bárbaros en las fronteras, la puesta en cuestión del ancestral sistema de gobierno por parte de sacerdotes o guerreros, podía causar el desastre. La hipótesis no funciona en un área de ciudades-estado independientes, como la maya, donde el célebre colapso fue una respuesta colectiva a una situación que afectaba lo mismo a Tikal que a Palenque. ¿No hubo en el área maya una especie de señora Merkel, un poder verdaderamente hegemónico y de economía suficientemente saneada? Lo que parece claro es que en Teotihuacan, en el siglo VII, el estado era tan frágil como para ser incapaz de sostener el entramado de cuatro siglos de esplendoroso desarrollo.
jueves, 17 de noviembre de 2011
LO REAL Y LO NO REAL
Dice Ania en su comentario a la entrada sobre la relación de mayas y extraterrestres que estos, los extraterrestres, son tan reales como los dioses, los duendes y los trolls (y los elfos, y los zombis, y tantas otras categorías de seres extraordinarios), producto de la imaginación. Contra esa opinión podrían alzarse multitud de citas bibliográficas, decenas de relatos de testigos, gran cantidad de experiencias inexplicables y otras cosas. Quiero decir que lo real y lo no real son conceptos poco científicos, por más que los científicos los utilicemos un dos por tres. Para un maya yucateco los aluxes son tan reales como su milpa o su casa, y si lo son para él deberían serlo para mí si es que pretendo entender o explicar su mundo. Lo mismo sucedía con los dioses prehispánicos. E igual cosa habría que decir de los campesinos medievales respecto a las brujas, el demonio o los fantasmas. Y digo medievales por decir algo, sólo con rascar un poco la superficie de cualquier conciencia actual encuentra uno toda clase de seres raros. La fe no es una convicción, la fe verdadera es una sensación, una experiencia vital, y por ello debe ser considerada, como tal y con todos los elementos que la componen, un producto absolutamente real, descriptible y hasta mensurable. La imaginación es otra cosa.
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